Aunque solo tengo que salir del casco urbano de mi pueblo y dar un paseo por su zona oeste para pisar la Calderona, de nuevo ha sido el curro el que me ha llevado a ella y a cruzar su corazón por donde hacía al menos un par de años que no pasaba. Y meterme en el cuerpo muchas ganas de más.
Sierra de bandoleros, abrupta y quebrada.
De jara, tomillo y romero.
Madroños, alcornoques, cerezos...
Emoción en estado puro.
Pero mejor cierro la boca y me limito a dejar unas imágenes, bocetos de algunos colores de la Calderona.
¡Saludetes!