Nadie pondría en duda que la labor del guardabosques es no sólo guardar y vigilar el bosque sino también ayudar a su mantenimiento y buen estado. Y eso es lo que hace el arrendajo (Garrulus glandarius): vigilante incansable del bosque, voz de alarma cuando se acerca el peligro y aunque quizás este detalle sea menos conocido, reforestador.

Como buen córvido, muestra comportamientos sorprendentes, como la costumbre de esconder comida en época de bonanza e ir a por ella cuando escasea, este hábito lo convierte en reforestador, ya que alguna de las semillas que entierra y olvida germinará. También comparte con sus "primos" su carácter oportunista y "todoterreno", no duda en completar su dieta omnívora con huevos o polluelos que encuentre por el bosque. He leído que la costumbre de imitar el canto de otros pájaros le sirve para atraerlos y depredar sobre ellos pero la verdad es que después de haber visto cientos de ellos y poder constatar que sí imitan a sus vecinos paseriformes, nunca he podido ver ataque o intento y de hecho no suelo ver alarma en los pequeños pájaros cuando el arrendajo anda cerca.
Aunque suele ser una especie bastante tímida y huidiza, en algunos lugares parece que se han acostumbrado a la presencia humana y toleran su proximidad, recuerdo especialmente un grupo familiar que merodea las proximidades del jardín botánico de María (Almería) y que aunque mantiene las distancias, están atentos a la gente que pasa y deja restos de comida. No en vano son primos de los rabilargos.