martes, 7 de mayo de 2013

Un cazador entre las flores

Thomisus onustus
Thomisus onustusSi algún día os tumbáis en un jardín junto a las flores, no olvidéis echar un vistazo a fondo a la vida que allí se afana en el trabajo. Podréis ver abejas, avispas, moscas y sírfidos varios, probablemente alguna mariposa e incluso puede que alguna crisopa. Quizás no veáis nada más, pero si hay flores e insectos sobre ellas, seguramente se os ha pasado por alto un pequeño habitante. Un cazador silencioso, velado... latente. Una araña cuyo cuerpo raramente llega o siquiera se acerca a los 10mm. de longitud, vestida con el color de la flor donde se hospeda y que permanece totalmente inmóvil e invisible a la espera de que algún incauto insecto se ponga a tiro. Entonces, se abalanza sobre la víctima, sin importar que le doble, triplique o sextuplique en tamaño, da igual que tenga aguijón o mandíbulas de "alien", la cogerá por detrás con sus largas (y fuertes) patas anteriores, le clavará los quelíceros y la sujetará hasta que el veneno haga efecto. En unos segundos la víctima estará lista para ser convertida en papilla y succionada.


Thomisus onustusThomisus onustusLa familia Thomisidae cuenta con más de 2000 especies distribuidas en más de 150 géneros y externamente se les reconoce por tener los dos pares anteriores de patas mucho más largos que los traseros y por su forma de vida normalmente asociada a flores u hojas vegetales aprovechando el mimetismo para pasar desapercibida frente a depredadores y presas. No fabrica tela. Las dos especies que se ven fácilmente por esta zona son Misumena vatia y Thomisus onustus, que es la que aparece en las fotos. La diferencia más evidente entre ellas es la forma del opistosoma (la parte trasera), que en la primera tiene forma redondeada mientras que en T. onustus tiene una forma poliédrica, con aristas bien visibles y las puntas traseras muy puntiagudas. Puede mostranos casi cualquier color, siempre imitando a la planta donde se hospeda y si nos acercamos con cautela intentará pasar desapercibida y no se moverá, permitiéndonos ver con tranquilidad la disposición de los ojos, los pedipalpos, quelíceros... todo ensamblado para formar una máquina de matar. Si la acosamos se esconderá debajo de una hoja o preferiblemente un pétalo de su mismo color y si la amenaza persiste, probablemente se dejará caer y la perderemos de vista irremediablemente. Nunca intentará atacarnos, seguramente porque su instinto le dice que no es capaz de traspasar ni siquiera nuestra epidermis, por lo que es totalmente inofensiva para cualquier persona.

Thomisus onustus


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